«LA NUEVA ESPERANZA», LA COOPERATIVA DE QUESOS QUE NACIÓ EN BRINKMANN.

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Luego del cierre de la planta de SanCor, un grupo de trabajadores y sus parientes se asociaron para reabrir la quesería. A través de un microcrédito de la Provincia, pudieron adquirir la maquinaria y restablecer los puestos de trabajo.

El panorama asomaba sombrío y el futuro, incierto. A fines de 2017, en Brinkmann sólo reinaban caras largas. Es que, de forma dura e inesperada, ocurría un cimbronazo que sacudía a toda la ciudad: se confirmaba el cierre de la planta de SanCor, que funcionaba allí desde hacía más de 70 años.

Después de que algunos empleados lograran ser reubicados en fábricas que la empresa tiene en Balnearia, Morteros y Sunchales, 20 trabajadores quedaron a la deriva. Y fue entonces que, ante la adversidad, de la cuenca lechera salió la garra para sobreponerse y crear la cooperativa de trabajo La Nueva Esperanza, con la que volvieron a poner las ilusiones de pie.

Así, con el acompañamiento del Gobierno local, del gremio de ATILRA y a través de la asistencia financiera para emprendimientos productivos, del Ministerio de Industria, Comercio y Minería, se puso en marcha la quesería y retomaron no sólo la producción sino también los puestos de trabajo que se habían perdido.

Melina Gerbaldo, presiente de la cooperativa, vivió en carne propia el dolor que genera el cierre de la fuente laboral. Porque Nicolás, su esposo, que había ingresado a trabajar en la planta en 2011, fue uno de los que no lograron ser reubicados. “Cuando cerró la planta de SanCor Brinkmann, nos generó mucha angustia. No sólo por la incertidumbre laboral, sino también por una cuestión personal, por la familia, que cuando pasa algo así se desgasta mucho”, asegura esta abogada que decidió encabezar esta especie de sociedad familiar.

Jorge Barbero, el maestro quesero que trabajó en Sancor Brinkmann durante 25 años, también debió vérselas con la cara más oscura de la crisis. “Yo trabajaba en la planta desde hace 25 años. Pero había compañeros con 40 años de servicio también. Aprendí muchísimo, porque pasé por todos lados, pero estuve la mayor parte del tiempo en la quesería”, cuenta quien hoy es el encargado de los quesos que comercializa La Nueva Esperanza.

Nicolás Bai, que hoy es el encargado de mantenimiento y compras de insumos para la producción, explica hasta dónde puede llegar el desconcierto en casos como el que les tocó vivir con el cierre de la planta de SanCor. “Fue un año y medio de incertidumbre. Porque no teníamos destino y no sabíamos adónde nos podían ubicar. De hecho hoy es raro, porque todavía somos empleados pero estamos de jornada libre porque SanCor no tiene dónde reubicarnos”, narra Bai.

Para lucir mejor, apelaron al mejor espejo. Entonces 10 compañeros y algunos de sus familiares decidieron formar una cooperativa de trabajo, y para eso fueron a buscar un caso de éxito. “Visitamos la cooperativa láctea Nuevo Amanecer, de Mar del Plata, que tomamos como ejemplo y modelo a seguir. Allá esa planta cerró, el dueño se fue y quedaron 70 empleados en la nada, y de ellos surgió la iniciativa, y hoy son más de 120 empleados. En nuestro caso, fuimos los familiares de los empleados los que nos asociamos: tres esposas y el resto, hijos de trabajadores”, sostiene Gerbaldo.

Crecimiento sostenido
En poco tiempo, la producción y comercialización de la Nueva Esperanza creció de forma inesperada. Tanto, que sorprendió hasta a los suyos. “Hasta nosotros nos asustamos un poquito porque crecimos muy de golpe en sólo seis meses”, indica Barbero. Y Gerbaldo le pone datos que sostienen esa afirmación: “Nos especializamos en quesos blandos, semiduros y duros, en todas sus variedades: queso cremoso, portsalut, barra, pategrás, sardo, sbrinz, mozarela, en hebras y crema. Comenzamos comercializando sólo en Brinkmann, Porteña y Morteros, y ahora lo estamos haciendo también en San Francisco, Rafaela, Sunchales, y en las ciudades de Santa Fe, Tucumán y Córdoba”.

Así, con una inversión de casi 14 millones de pesos y con el crédito asociativo de la Provincia, que les permitió adquirir alrededor del 40 por ciento de la maquinaria, la quesería de Brinkmann volvió a ver la luz. Y las fuentes de trabajo y la ilusión, volvieron a pasearse por las calles.